martes 26 de mayo de 2009
Tamara y sus amores - cont.
— Salimos dos meses, y después el me dejó porque no podíamos estar juntos.
No esperó a que le preguntara porqué. Ya les dije que Tamara estaba con ganas de contar.
— Todo el mundo hablaba de nosotros, imagináte. A mi me decían que no podía estar con un chico como Gunta, porque él era muy rebelde, andaba de acá para allá; y entonces me dejó y no nos hablamos por diez años para evitar el dolor de encontrarnos y no estar juntos. Lo vi de nuevo el día que hacía la fiesta de compromiso en mi casa. Vino con una rubia despampanante y me dijo que me deseaba lo mejor. Me arruinó la fiesta, imagínate. Yo con Rob, un inglés aburrido que se pasa el día en la biblioteca, y Gunta con esa rubia, imagináte!
Seguía repitiendo “imagináte” cada dos oraciones.
— Me casé igual, porque no iba a salir corriendo a buscarlo si el estaba enamorado de esa tipa, pero nunca me lo olvidé. Un día me llamó mi mejor amiga para invitarme a su casamiento, no se si te dije que Gunta es el hermano de mi mejor amiga…
—No, no me dijiste.
— Bueno, es el hermano, y yo estaba invitada al casamiento con Rob.
Les juro, les juro que todo esto me lo contó así, textual. La realidad es mucho mejor que la ficción.
miércoles 20 de mayo de 2009
Tamara y sus amores
— ¿Y Gunta es…?
— Mi ex novio,- me dijo Tamara- es que me estoy dando cuenta con la ayuda de mi psicólogo que todo lo que hago está relacionado con mi ex novio.
— Wow.
Como les dije, apenas conocía a Tamara, y no voy a estar emitiendo juicios de valor a la primera de cambio. Mi “wow” era una puerta abierta a que siguiera contando, y ella lo entendió muy bien.
— Te cuento: yo siempre digo que mi sueño es irme a vivir a una isla.
— Bueno, viviendo en Inglaterra medio que ya lo cumpliste.
— No, no, yo digo una isla donde se pueda nadar, donde haya un clima razonable…
Hay verdades que son irrefutables.
—…y con mi ex novio estuvimos en Grecia, pasando un verano juntos en una islita, con lo cual yo quiero volver a ese momento. La música que escucho es la que me recuerda a él y ahora esto de la fotografía también tiene que ver con él. La última vez que viaje a Grecia, en enero, me dio la cámara suya y apenas llegué a Londres empecé a buscar cursos.
—Ah, lo viste en enero entonces. ¿Estuvieron de novios mucho tiempo antes de que conocieras a Rob?
— Un verano.
— Ah, ok.
— Yo tenía 16 años, y el 14.
martes 19 de mayo de 2009
No hay 2 sin 3
Debo decir que hizo que se me pasaran más rápido los días, y que se come muy bien en los hoteles donde hacen estos eventos, así que no me puedo quejar, pero estar tan a mil me dificultó la grata tarea de postear algo en mi querido blog.
Fuimos varios de la empresa a las conferencias éstas, incluida Tamara, una griega a la que apenas había cruzado una que otra vez en el ascensor, y con la que compartí todos los almuerzos de la semana. Tamara vino a Londres hace 5 años al casarse con un inglés de esos bien ingleses, con zapatos y corbata hasta los domingos. Los primeros quince minutos de charla me contó todos estos básicos de su vida, y muy educada me preguntó lo mismo. Pero en el minuto dieciséis empezó con lo que realmente quería contar, y no paró hasta el viernes última hora. Cada segundito entre presentación y presentación me tiraba un dato más sobre este tema que la devela, que la tiene sin hambre ni atención, textuales sus palabras. Todo empezó cuando me contó que esta haciendo un curso de fotografía.
— Qué lindo, me encanta la fotografía., le dije
— En realidad a mi nunca se me había ocurrido estudiar esto, pero Gunta es un fotógrafo increíble y me prestó su cámara para que empezara, como una forma de estar juntos.
Gunta, gunta… hasta donde había entendido su marido se llamaba Rob. Y Gunta no es un nombre muy inglés que digamos.
— ¿Y Gunta es…?
— Mi ex novio.
Muy natural lo dijo. En la misma conversación mechó “marido”, “ex novio” y “como una forma de estar juntos” (con el exnovio, no con el marido!)
Ahí se desató Tamara. Se ve que necesitaba contar, y yo escuché.
jueves 7 de mayo de 2009
El regreso de los muertos vivos
La cuestión es que estuvo hecho una seda todo el día, ni se lo vio revoloteando por todos los pisos como hace habitualmente, ni organizando planes para el almuerzo, el té y el after hour. De hecho, no supe que había vuelto hasta que me enteré por Estela, por quien más podía ser.
- ¿Lo vieron a Sergio? –al lado mío estaba Josefina, (para los que no recuerdan la hija acomodada del CEO)
- Ah, no, no sabía que había venido hoy a trabajar. Igual era hora, porque tomarse dos días por resaca es como mucho ¿no?
Josefina mutis.
- Y bueno, parece que tomó un día de spa, porque esta hecho una pinturita. Nunca lo vi así. Te dijo que si tuviera veinte años menos lo invito a tomar una cerveza. Vos IML, tenes veinte años menos que yo…
- Estela, estoy casi casada, te lo pido por favor.
- ¿Y vos Jo? (desde aquel episodio en la cocina demuestran su complicidad con esos diminutivos exagerados)
- Ayyy, que asco!
- Bueno, nena, no es para tanto. No está tan mal Sergio, no seas mala.
- No es que sea feo tipo, pero es mi pariente! Somo primos segundos, que asco!
No hay nada que hacerle: las respuestas surgen cuando uno menos las espera.
martes 5 de mayo de 2009
TIME OFF
Los pelos peinados con las llaves, la camisa tan arrugada que me la juego la sacó del canasto de ropa para lavar, y los ojos chiquitos, fotofóbicos.
Me lo encontré en ese ámbito neutral de la oficina que es la cocina preparando un café alquitrán tamaño elefante.
— Parece que estuvo heavy el finde largo, ¿no?
— nnnyeah, a-fucking-mazing.
— Peinate un poco Sergio, que ahora en media hora tenemos la reunión con el CEO.
Ahí sí abrió los ojos.
— ¿No te acordabas? Es para presentarle el proyecto nuevo, por favor ponete una pila que es importante.
Se fue con su café mascullando algo inteligible, y una hora más tarde, mientras nos acomodábamos alrededor del escritorio de caoba para la reunión se apareció con otro café extra large en la mano.
El CEO parecía encantado con el trabajo que habíamos hecho, y todo iba bien hasta que el codo que sostenía la cabeza adormilada de Sergio se resbaló de la mesa, y en el intento espástico por volver a una posición correcta revoleó la taza de café con tal fuerza que empapó todos los papeles y a unos cuantos participantes de la mesa.
El alboroto terminó cuando el CEO le dijo a Sergio que se vaya a su casa, se recupere y vuelva al dia siguiente en mejores condiciones.
martes 28 de abril de 2009
El Mate Adictivo - parte 2
- Sí, Marcos. Te digo que no es una droga, es una infusión. La gente lo toma por gusto y no porque es adicta.
(Quizá algunos adictos al mate haya, pero adictos como al chocolate, como a las medialunas, como a la cerveza helada con papas fritas. Ese tipo de adicciones que no son ni remotamente parecidas a las dependencias narcóticas de las que habla este señor)
- ¿Es rico? (Qué pregunta, hermano) ¿Qué gusto tiene?
- Mmmm (me encontré con dificultades en este punto, si digo amargo un dulcero me dirá que NO, que él le pone azúcar. Si digo dulce, un tradicionalista me dirá que ¡¿cómo dulce, el mate se toma amargo!? Me salí por la tangente: Te puedo traer un día si querés.
No me contestó pero me hizo un hombrito indiferente y se dio media vuelta.
Sin embargo, lo vi levantarse enseguida, derecho a la impresora y volvió para mi lado.
- Mirá, se consigue yerba en Internet (y me extiende una hoja con unos matecitos insulsos que se venden junto a paquetes de yerba saborizadas: yerba de jengibre, yerba de albahaca, yerba de lavanda exportación de estados unidos)
- No sé Marcos, estas yerbas son medio raras. No me parece que sea el típico mate argentino. Si querés probar, en serio te traigo.
- Ah, que se creen ustedes tan especiales. Yo me compro esto y tomo mate igual, ¿o porque no es de la huerta de tu casa entonces no sirve?
Y así se fue, medio ofendido porque le defenestré su hallazgo, y yo muerta de risa, por supuesto. Que otra cosa podía hacer.
lunes 27 de abril de 2009
El Mate Adictivo - parte 1
- ¿Vos tomás mate?
Cabe aclarar una vez más que no vivo en Argentina y que la pregunta me resultó muy extraña justamente por lo fuera de contexto. Si me lo preguntara mi prima, todavía. Si me lo preguntara una tía abuela de esas que visitas una vez por década y quisiera muy amablemente invitarme un matecito, le diría que sí con una sonrisa, porque seguro que además del mate traería unas palmeritos, unos bizcochitos de grasa…
Pero ¿¿¿Marcos??? ¿Qué sabe Marcos, tan orgulloso él en su traje nuevo, sobre el mate? ¿En que momento de su vida tan inglesa y estoica se le ocurrió pensar que en Argentina, ese país donde tuve que decirle varias veces que se habla español y no portugués, también se toma mate?
Se ve que me quedé pensando todo esto sin abrir la boca, porque volvió a repetir
- Do you drink mate?
- Si, si, tomo mate. ¿Por qué?
- Es un brebaje adictivo.
Si, señores, utilizó el sustantivo brebaje seguido del adjetivo adictivo.
- ¿Adictivo? Sí, tanto como puede ser el té o el café.
- No, no… es adictivo, es una droga, es una hierba.
Ya la cosa tomaba un rumbo claramente cómico, al menos para mí, porque Marcos me hablaba con su seriedad habitual. Trataba de dilucidar si era una de sus inauditas bromas, pero nada me hacía creer que lo fuera.
- ¿El té acaso no es también una hierba? Hierba no es sinónimo de droga, Marcos.
- ¿Es legal en Argentina?
Y lo dijo bajando un poco la voz y abriendo mucho los ojos, como asombrado que en esa tierra de bárbaros permitieran el consumo de tal extraño brebaje.

